
20 min
Fácil
6 personas
Limpia y corta con orden: Retira las hojas externas del repollo y guárdalas para usarlas más adelante. Córtalo por la mitad, quita el tallo duro y con un cuchillo afilado corta tiras muy finas. Luego pela la zanahoria y rállala con la parte gruesa del rallador. Cuando tengas ambas verduras listas, ponlas juntas en un bowl grande para mezclarlas.
Sazona y masajea hasta que suelte jugo: Espolvorea los 15 g de sal gruesa sobre el repollo y la zanahoria. Con las manos limpias masajea la mezcla de forma continua durante 8 a 10 minutos, apretando y girando para que las fibras se ablanden y empiecen a liberar su jugo natural. Si quieres darle un toque aromático agrega en este momento la cucharadita de semillas de eneldo y sigue masajeando hasta que quede bien integrada.
Empaca y comprime en el frasco: Introduce la mezcla poco a poco en un frasco de vidrio limpio. A medida que llenas el frasco presiona con una cuchara de madera para eliminar el aire y lograr que el líquido cubra por completo las verduras. Añade la hoja de laurel, la cucharadita de granos de pimienta, cubre la superficie con las hojas de repollo que reservaste y coloca un peso limpio para mantener todo sumergido.
Fermenta con control diario: Cierra el frasco sin apretar del todo y colócalo en un lugar fresco, lejos de la luz directa. Deja fermentar entre 5 y 10 días, dependiendo de la temperatura y abre una vez al día para liberar los gases. Si prefieres un sabor más suave detén la fermentación antes del día cinco, pero si buscas un sabor más ácido y profundo deja que continúe algunos días más.
Guarda y sirve en su punto: Cuando tenga el sabor que buscas retira las hojas de cobertura, cierra bien el frasco y guárdalo en el refrigerador. Así se mantendrá crujiente y sabroso durante varias semanas. También disfrútalo frío como acompañamiento o úsalo en tus preparaciones preferidas.
Pizza Catrina