
20 min
Difícil
1 persona
Prepara la primera mezcla: Elige un frasco de vidrio limpio y amplio, ya que la masa crecerá con los días. Dentro, mezcla 50 g de harina integral con 50 ml de agua tibia hasta obtener una pasta espesa y sin grumos. Después tapa el frasco sin cerrarlo del todo y déjalo a temperatura ambiente durante 24 horas.
Haz la primera alimentación: Al día siguiente, retira la mitad de la mezcla y desecha esa parte. Luego agrega 50 g de harina blanca y 50 ml de agua tibia y revuelve bien para integrar. Este descarte permite mantener el equilibrio del fermento y evita que crezca en exceso.
Repite la alimentación cada día: Durante los siguientes cinco días, repite el mismo proceso una vez al día: descarta la mitad y alimenta con 50 g de harina blanca y 50 ml de agua tibia. Con el paso de los días notarás burbujas y un aroma ligeramente ácido, señales de que la fermentación avanza bien.
Reconoce cuándo está lista: La masa madre estará activa cuando duplique su volumen entre 4 y 6 horas después de alimentarla y se vea llena de burbujas. Para comprobarlo, deja caer una cucharada en un vaso con agua: si flota, está lista para usar en tus panes.
Consérvala: Si la usarás pronto, mantenla a temperatura ambiente y aliméntala una vez al día. En cambio, si no la ocuparás por varios días, guárdala en el refrigerador y aliméntala una vez por semana para conservarla sana.
Pizza Catrina