
40 min
Fácil
4 personas
Crema la mantequilla: Bate la mantequilla blanda con el azúcar granulada durante 3 minutos, hasta obtener una crema pálida y esponjosa. Este paso incorpora aire a la masa y ayuda a que las galletas queden más suaves.
Agrega el huevo: Incorpora el huevo y la vainilla, y sigue batiendo hasta que se integren por completo. Después raspa los bordes del bowl para que toda la mezcla quede homogénea.
Suma los secos: Añade la harina cernida junto con los polvos de hornear y la pizca de sal. Luego mezcla con movimientos suaves hasta formar una masa que se despegue de las paredes del bowl, sin trabajarla en exceso.
Refrigera la masa: Envuelve la masa y llévala al refrigerador durante 15 minutos para que tome firmeza. De esta forma será más fácil de manejar y las galletas mantendrán mejor su forma al hornear.
Forma las galletas: Estira la masa a unos 5 mm de grosor sobre una superficie enharinada y corta las galletas tradicionales con un molde. Después distribúyelas separadas en una bandeja con papel mantequilla, dejando espacio entre cada una.
Hornea y enfría: Lleva la bandeja al horno precalentado a 180 °C durante 10 a 12 minutos, hasta que los bordes se doren apenas. Por último, déjalas enfriar sobre una rejilla para que terminen de firmarse y queden crujientes.
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