
30 min
Fácil
4 personas
Infusiona la leche: Calienta la leche en una olla a fuego medio junto con el palo de canela y la cáscara de limón, cuidando de no rallar la parte blanca. Cuando esté a punto de hervir, retira del fuego y deja infusionar 5 minutos para que tome aroma.
Prepara la mezcla de yemas: Bate las yemas con el azúcar y la maicena en un bowl hasta obtener una mezcla pálida y sin grumos. Luego suma la esencia de vainilla y revuelve para integrarla por completo.
Templa las yemas: Retira la canela y la cáscara de limón de la leche y viértela caliente sobre las yemas en un hilo fino, batiendo constantemente. Este paso evita que las yemas se cocinen de golpe y se formen grumos.
Cocina las natillas: Devuelve la mezcla a la olla y cocina a fuego bajo, revolviendo sin parar con una cuchara de madera. Continúa durante 6 a 8 minutos, hasta que espese y cubra el dorso de la cuchara.
Reparte: Vierte las natillas aún calientes en pocillos individuales, repartiéndolas de manera pareja. Después dales unos golpecitos suaves para que la superficie quede lisa y sin burbujas.
Enfría y decora: Deja que el postre se enfríe a temperatura ambiente y, cuando esté frío, refrigéralo durante al menos 2 horas. Antes de servir, espolvorea canela en polvo por encima.