
25 min
Fácil
4 personas
Funde el chocolate negro: Troza el chocolate negro y colócalo en un bowl resistente al calor junto con aproximadamente media taza de leche. Luego, fúndelo a baño maría o en el microondas usando intervalos cortos, mezclando entre cada uno, hasta que quede suave, brillante y completamente integrado.
Prepara la base cremosa: En una olla calienta la crema junto con el azúcar, la vainilla, el cacao en polvo y una pizca de sal, cuidando que la mezcla no llegue a hervir. Retira del fuego e incorpora el chocolate derretido, revolviendo con suavidad hasta integrar y lograr una base cremosa y homogénea.
Añade el toque blanco: Corta el chocolate blanco en trozos pequeños y agrégalo a la mezcla aún tibia, mezclando apenas para que algunos trozos se derritan y otros se mantengan visibles. Creando un atractivo efecto de doble chocolate.
Congela: Deja enfriar la preparación a temperatura ambiente y luego viértela en un recipiente con tapa. Lleva al congelador durante varias horas y remueve cada cierto tiempo durante las primeras horas. Esto para conservar una textura cremosa y evitar la formación de cristales.
Sirve: Sirve el postre en copas frías y termina decorando con virutas de chocolate blanco y negro o con una fina lluvia de cacao en polvo para realzar su presentación.
Cheesecake en Air Fryer