
20 min
Fácil
6 personas
Prepara la fruta: Si usas piña fresca, pélala, córtala en cubos y licúala hasta obtener una pulpa suave. Si prefieres pulpa de fruta congelada, déjala reposar unos minutos para que pierda el frío intenso y puedas procesarla sin esfuerzo.
Mezcla la base del helado: En una licuadora o procesador, junta la pulpa de piña con el azúcar, 1 cucharada de jugo de limón recién exprimido y la vainilla si decides usarla, después licúa hasta que el azúcar se disuelva por completo y la mezcla quede pareja.
Incorpora los lácteos: Añade la leche y la crema para batir, y mezcla bien hasta lograr una textura cremosa y uniforme.
Congela y revuelve: Vierte la mezcla en un recipiente hermético y llévala al congelador. Cada 30 minutos, revuelve con un tenedor o un batidor para romper los cristales de hielo y mantener una textura suave. Repite este proceso durante unas 3 horas. Después, deja que el helado termine de congelarse al menos 3 horas más sin moverlo.
Sirve: Antes de disfrutarlo, deja el helado a temperatura ambiente unos 5 minutos para que se ablande un poco, luego sírvelo en copas o conos y, si te gusta, decóralo con trocitos de piña fresca o unas hojas de menta
Barros Luco con queso derretido y carne a la plancha