
40 min
Fácil
4 personas
Asa las cabezas de ajo: Precalienta el horno a 180 °C. Mientras se calienta, corta la parte superior de las cabezas de ajo para dejar los dientes a la vista y colócalas con el corte hacia abajo sobre una bandeja ligeramente aceitada. Luego hornea durante 25 a 30 minutos, hasta que los ajos estén blandos y levemente dorados.
Retira la pulpa de ajo: Deja entibiar las cabezas de ajo unos minutos y presiónalas desde la base para sacar la pulpa. Debe quedar como una pasta suave, dulce y cremosa, mucho más delicada que el ajo crudo.
Prepara la base de la sopa: Calienta el aceite en una olla mediana a fuego medio. Mientras tanto, pica finamente los dientes de ajo adicionales y sofríelos durante 2 minutos, hasta que estén dorados y aromáticos, cuidando que no se quemen.
Agrega el caldo y tritura: Incorpora el caldo de pollo y la pulpa de ajo asado a la olla. Deja que tome un hervor suave y cocina durante 5 minutos, para que el ajo se mezcle bien con el caldo. Después tritura con una batidora de mano hasta obtener una sopa lisa y homogénea. Si es necesario, vuelve a calentarla a fuego bajo, sin dejar que hierva fuerte.
Tempera la yema: En un bowl pequeño, mezcla la yema con el vinagre. Luego agrega 2 a 3 cucharadas de sopa caliente y revuelve bien para temperarla antes de incorporarla a la olla. Este paso ayuda a que la yema se integre sin formar grumos.
Termina la sopa: Vierte la mezcla de yema en la sopa caliente, fuera del fuego o a fuego mínimo, revolviendo de inmediato para integrarla. La sopa tomará más cuerpo y una textura ligeramente cremosa, pero no debe hervir después de este paso. Por último, ajusta con sal y pimienta a gusto.
Sirve caliente: Sirve la sopa en tazones y termina con rebanadas de pan tostado o crutones por encima. Incluso el pan absorbe el caldo perfumado y acompaña muy bien la suavidad del ajo asado.
Pan naan