
240 min
Intermedio
8 personas
Prepara la crema pastelera: Calienta 400 ml de leche en una olla a fuego medio hasta que esté a punto de hervir. Mientras tanto, en un bowl, bate las yemas con el azúcar, la maicena y los 100 ml de leche restantes hasta integrar bien. Luego, vierte la leche caliente poco a poco sobre la mezcla, sin dejar de batir para evitar que las yemas se cocinen.
Espesa y enfría la crema: Devuelve la mezcla a la olla y cocina a fuego bajo durante 3 a 4 minutos, revolviendo constantemente con un batidor, hasta que espese. Retira del fuego, incorpora la vainilla y cubre la superficie con film plástico en contacto directo con la crema. Deja enfriar por completo.
Prepara la fruta y el bizcocho: Lava las frutillas, retírales los tallos y córtalas en láminas. Reserva algunas enteras para decorar al final. Luego, corta el queque en cubos de 3 cm y déjalos listos para armar el postre.
Bate la crema: Bate la crema para batir, bien fría, junto con el azúcar flor hasta obtener una consistencia suave, con picos que se mantengan ligeramente levantados. Reserva en el refrigerador hasta el momento de armar el trifle.
Arma las capas: En una fuente de vidrio honda, distribuye la mitad de los cubos de bizcocho y humedécelos con 40 ml de jugo de naranja, procurando repartirlo de manera uniforme. Después, agrega la mitad de la crema pastelera, la mitad de las frutillas y los arándanos, y una capa de crema batida. Repite el mismo orden con el resto de los ingredientes, utilizando los 40 ml de jugo de naranja restantes para humedecer el bizcocho. Termina con una capa de crema batida.
Refrigera y decora: Lleva el trifle al refrigerador durante al menos 3 horas para que el bizcocho absorba el jugo y las capas se asienten. Justo antes de servir, decora con las frutillas enteras que reservaste, algunos arándanos y hojas de menta.
Tarta de chocolate con fantasmas de merengue