
Prepara los garbanzos: Comienza escurriendo los garbanzos y enjuágalos bien bajo el chorro de agua fría. Luego sécalos y, si quieres conseguir un hummus más suave y cremoso, frótalos entre las manos para que las pieles se desprendan fácilmente y retíralas.
Cuece la betarraga: Lava bien la betarraga y ponla en una olla con suficiente agua para cubrirla. Déjala cocer durante 35 a 50 minutos, dependiendo de su tamaño, hasta que puedas pincharla fácilmente con un tenedor. Una vez lista, deja que se enfríe un poco, retira la cáscara y córtala en cubos pequeños.
Procesa los ingredientes: Exprime el limón y reserva su jugo. Después, coloca en una procesadora los garbanzos, la betarraga, el tahini, el jugo de limón, el ajo, el comino y una pizca de sal. Procesa durante 2 a 3 minutos, deteniéndote de vez en cuando para bajar la mezcla que se acumula en las paredes.
Ajusta la textura: Mientras la procesadora sigue funcionando, agrega poco a poco el agua fría y luego la mitad del aceite de oliva. Continúa mezclando hasta conseguir una pasta suave y cremosa. Antes de terminar, prueba el hummus y ajusta la sal o el limón según tu gusto.
Sirve el hummus: Cuando tenga la textura que buscas, pasa el hummus a un pocillo y, con el dorso de una cuchara, forma un pequeño surco en la superficie. Agrega el resto del aceite de oliva y termina espolvoreando las semillas de sésamo por encima. Puedes acompañarlo con pan pita, galletas saladas o bastones de verduras frescas.
Mermelada de mora