
50 min
Fácil
6 personas
Calienta la leche: Coloca la leche, la crema y la sal en una olla de fondo grueso y calienta a fuego medio, revolviendo de vez en cuando. Cuando comiencen a aparecer pequeñas burbujas en los bordes y salga vapor, retira la olla del fuego, procurando que la mezcla no llegue a hervir.
Prepara la ricotta: Exprime los limones y cuela el jugo para quitar las pepas. Luego agrégalo a la leche caliente, revuelve suavemente una sola vez y deja reposar durante 10 minutos. Poco a poco verás cómo se forman pequeños grumos blancos que se separan de un líquido amarillento.
Escurre la ricotta: Coloca un paño de algodón limpio o una gasa sobre un colador y ponlo encima de un bowl. Después vierte la mezcla con cuidado y déjala escurrir durante 20 a 30 minutos, dependiendo de qué tan cremosa prefieras la ricotta.
Asa los tomates: Mientras la ricotta escurre, precalienta el horno a 200 °C. Luego coloca los tomates cherry en una bandeja, agrega la mitad del aceite de oliva, sal y pimienta a gusto. Mezcla suavemente y hornea durante unos 12 minutos, hasta que los tomates estén blanditos, ligeramente arrugados y comiencen a soltar su jugo.
Tuesta el pan: Corta la baguette en rebanadas de grosor similar y acomódalas en una bandeja. Después pincélalas con el resto del aceite de oliva y llévalas al horno durante unos 6 minutos, hasta que estén doradas y crujientes. Una vez listas, déjalas entibiar unos minutos.
Arma las bruschettas: Unta cada tostada con una buena capa de ricotta casera y coloca encima dos o tres tomates asados. Para terminar, agrega las nueces picadas, un chorrito de miel y una hoja de albahaca fresca. Sírvelas recién preparadas para disfrutar del contraste entre el pan crujiente y la ricotta cremosa.
Mermelada de mora